martes, 28 de septiembre de 2010

Piden a la Generalitat “una pensión” para los terroristas del maquis


El Centro de Estudios Josep Ester Borràs de Berga, que busca “el inmediato reconocimiento moral, jurídico y económico de los maquis”, ha enviado una carta a la Generalitat donde piden “una pensión a los maquis catalanes que combatieron en Cataluña contra el franquismo”.


El centro de estudios señala que” no comprendemos este infundado recelo hacia este colectivo, el de los maquis. Nadie puede poner en cuestión el sacrificio de aquellas mujeres y hombres, que por oponerse a la dictadura arriesgaron su libertad y en muchas ocasiones sus propias vidas”.


“En Catalunya quedan muy pocos maquis en vida, probablemente, no más de diez. Es una ignominia que a estas alturas todavía tengamos que seguir reivindicando un derecho que otros países europeos reconocieron al finalizar la II Guerra Mundial, otorgando una pensión sin necesidad ni siquiera de pedirla. Los militares franquistas bien cobran una pensión, me pregunto por qué ellos sí y los guerrilleros no? “, concluyen.



¿QUÉ ERA EL ‘MAQUIS’?


El maquis, que fue responsable en España de aproximadamente 2.000 asesinatos, quiere ser ahora glorificado como ejemplo de resistencia democrática contra el régimen de Franco. Resistencia democrática a la que algunos quieren añadir a la ETA previa a la democracia, que según parece continuó la loable labor del maquis en su oposición al franquismo. Sin embargo el fenómeno del maquis, o bien constituyó un intento guerrillero controlado por el comunismo soviético, con lo cual bien se puede entender su carácter antidemocrático, o protagonizó los últimos episodios del bandolerismo español.


Al acabar la guerra, restos de unidades militares republicanas, generalmente milicianos huidos, se refugian en zonas agrestes y montañosas, con la esperanza de que los derroteros de la II Guerra Mundial posibilitasen una invasión de España que diese la vuelta al resultado de la guerra civil. Con el paso del tiempo los más pasan a Portugal o Francia y las reducidas y aisladas partidas que quedan se dedican a una actividad que más tiene que ver con el bandolerismo que con la resistencia organizada contra el régimen franquista. Muy temida en la zona extremeña, por ejemplo, fue la partida del Manco de Agudo como se conocía a José Méndez Jarramago. Sus acciones crueles son conocidas en todos los Montes de Toledo. Los secuestros, robos y asesinatos de esta partida se cuentan por las provincias de Toledo, Ciudad Real, Cáceres y Badajoz. El Manco de Agudo fue muerto en 1949 y su partida estaba teóricamente integrada inicialmente en el llamado Ejército Guerrillero del Centro.


Sin embargo subsisten algunas partidas mejor organizadas y con una clara misión política que reciben apoyo desde la URSS y que generalmente se han infiltrado en España a través de los Pirineos. Utilizan la misma estrategia del terror, que posteriormente sería extensamente utilizada por todos los grupos guerrilleros que proliferaron en la década de los 70. Su táctica era la de cometer robos para conseguir fondos, y amedrentar a las poblaciones y caseríos aislados para conseguir avituallamiento y refugio, cuando estos no simpatizaban con la causa republicana. Humildes autoridades locales, falangistas y guardias civiles fueron los principales objetivos de sus acciones armadas, junto a sabotajes de instalaciones estatales.


En su aplastante mayoría los componentes de los diversos maquis eran anarquistas o comunistas produciéndose ya a inicios de los años cuarenta un predominio de estos últimos. De hecho, su acción más importante —y totalmente fallida— fue la invasión del valle de Arán por parte de más de 3.000 combatientes organizados en Francia bajo la bandera del PCE y la dirección de Santiago Carrillo y el mando militar del teniente coronel Vicente López Tovar, militante comunista. La operación fue directamente autorizada por Stalín quien, a mediados de octubre de 1944, hizo saber al PCE por medio del secretario general del Komintern, Georgi Dimitrov, la necesidad de “obligar a los dirigentes socialistas, anarquistas y republicanos españoles a abandonar su política de pasividad y de espera a que el problema español lo resolvieran desde fuera los imperialistas (…) formar un gobierno o algo parecido que pudiera hablar y tratar en nombre del pueblo español [con el respaldo de] un movimiento popular cuya expresión principal sólo podía ser, en la situación de España, la lucha guerrillera”.Y el maquis pretendió ser ese instrumento político-militar al servicio del comunismo para aparentar la existencia de un movimiento popular.

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