lunes, 6 de septiembre de 2010

El estigma catalanista del PSPV (FERNANDO CHIVA)

Si algo ha caracterizado al socialismo valenciano de los últimos 30 años, es su carácter catalanista. Y no es ésta en absoluto una afirmación gratuita ni subjetiva: voy a darle valor y forma haciendo un recorrido histórico por la historia reciente y específica del socialismo valenciano, desde 1977, año en el que el socialismo triunfaba en el gobierno preautonómico de la mano del ínclito José Luis Albiñana, hasta nuestros días.

En pleno inicio del proceso preautonómico (1978), era el socialismo obrero del PSOE de Albiñana y Lerma el que movía los hilos de la izquierda valenciana, en oposición a la facción del socialismo pro-catalanista encarnada en la figura de Alfons Cucó, líder del PSPV, todavía no integrado en el PSOE.

Alfonso Guerra exigió en aquel momento la integración del PSPV en el PSOE, cediendo a las ansias de poder de sus líderes e integrándolos con gran protagonismo en la directiva resultante del pacto en pro de la vertebración del socialismo. El proceso de catalanización del socialismo valenciano había comenzado. Y Lerma no tardó en subirse al carro ideológico de esta nueva corriente dominante, a cambio siempre de satisfacer sus ambiciones personales, hasta conseguir arribar a la secretaría general en 1979.

El siguiente paso de Lerma, Cucó y sus nuevos amigos catalanistas era conseguir poner en la alcaldía de Valencia ciudad a una persona de su confianza a toda costa. Tras una serie de malas pasadas políticas, el relevo del socialista obrero Martínez Castellano llegó de la mano de Ricardo Pérez Casado, otro destacado miembro de la facción catalanista.

Paralelamente a estas "jugadas", aparecen junto a Albiñana personajes de la talla de Cipriano Císcar y Antonio Asunción, nacionalistas catalanistas y discípulos de Joan Fuster, que le jalean a radicalizar su discurso en pro del catalanismo para no perder fuelle frente a la facción que representaban Lerma y Cucó, amenazantes pretendientes de su puesto presidencial. Es en este momento cuando Albiñana comienza la guerra de símbolos para reivindicar su posición de liderazgo dentro de un partido político que ya había abandonado por completo la ideología del socialismo obrero para entregarse sin condiciones a la vorágine de catalanismo nacionalista.

La denominación de "catalán" sustituye por completo a la de "valenciano" en la jerga socialista, la bandera de las cuatro barras sustituye a la Real Senyera en el Palau de la Generalitat, y se plantea incluso la sustitución del Himne Regional por La Muixeranga d´Algemesi, por ser el primero tildado de "españolista" y folklórico. Albiñana llegó a recorrer el mapa valenciano haciendo apostolado de nuestra condición de catalanes, siendo lógicamente apedreado en varias localidades valencianas. Estos alardes de catalanidad pasan factura a la imagen de Albiñana, estratégicamente posicionado por sus correligionarios como "crispador" de una sociedad valenciana que se manifiesta repetidas veces, algunas de ellas con suma vehemencia, en contra de las posiciones ultracatalanistas del entonces presidente preautonómico.

El centro derecha valenciano representado por Emilio Attard toma cartas en el asunto, acercándose a Lerma y su entorno para tratar de negociar las señas de identidad valencianas y el abandono de la simbología catalanista por parte del PSPV, al tiempo que desde los círculos del valencianismo cultural, político y popular se propicia y gesta el nacimiento de Unión Valenciana.

Albiñana sale trasquilado del acercamiento entre Attard y Lerma, y finalmente es sustituido por Monsonís, un liberal de la UCD, con la finalidad de sofocar el ambiente de crispación generado por su antecesor.

Lerma tiene ya carta blanca y pista libre. En 1983, gana las elecciones autonómicas, junto a sus amigos Císcar, Asunción, García Miralles, Pérez Casado que repite como alcalde de Valencia, Emérito Bono, Cucó, etc.

Es en ese momento cuando se intensifica ya plenamente el proceso catalanizador, esta vez con la relativa "legitimidad" que otorga el poder, y ya desde el control de las instituciones: se aprueba la Llei d´Ús i Ensenyament del "Valencià" (LUEV) para incluir el catalán definitivamente en el sistema educativo valenciano, se acuerda con un grupo de editoriales valencianas cuyos gestores eran afines al catalanismo auspiciado por el PSPV la confección de los nuevos libros de texto, se incentiva la enseñanza en "valenciano" al profesorado con primas y sobresueldos para obtener el apoyo de los sindicatos, la colocación de personal con carnet de catalanista en las esferas universitarias, y el apoyo de entidades subvencionadas tanto desde Cataluña como desde valencia, como la Acció Cultural de Eliseu Climent, donde se promueven publicaciones, conferencias, cursos, o la implantación de repetidores televisivos para que la señal del canal autonómico catalán pueda ser recepcionada en nuestro territorio.

La historia posterior a 1983 es de sobra conocida ya por todos: el entramado filocatalanista que el socialismo valenciano tejió en los 70 y 80 no ha dejado de dar frutos, ni de llenar los bolsillos de la pseudomafia editorialista que rinde pleitesía a las generosas subvenciones que llueven, día sí, día también, desde Barcelona. Y las consecuencias de todo ello nos resultan evidentes y familiares: varias generaciones de valencianos han sido manipuladas y moldeadas a la imagen y semejanza del nacionalismo catalán desde su más tierna infancia. Sólo queda preguntarnos hasta cuándo seguiremos sufriendo esta lacra social y cultural.
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Fernando Chiva, Secretario de Organización de JJCV y Secretario comarcal comunicación Horta Sur CV. http://www.elpalleter.com/actualitat/opinions/noticies/2008/chiva050910.htm

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